Radicada en Nueva York, Sarah Smith construyó su vínculo con el escenario mucho antes de componer sus propios temas, tras iniciar en la danza a los cuatro años y trabajar con los Brooklyn Nets y Nickelodeon. Al concluir sus estudios universitarios comenzó a escribir material propio, encontrando en el productor Carlos Ruiz el impulso para experimentar y desarrollar una voz definida.
Su propuesta se nutre del pop de CHVRCHES, Robyn, Marina & The Diamonds y Kylie Minogue, junto al new wave de los ochenta y el pop de la era de Tumblr. A partir de estas referencias, la intérprete moldea un pop oscuro e inquieto que explora la madurez, el autosabotaje, la intimidad y la tensión constante entre lo que se siente interiormente y lo que se revela al exterior.
En esa línea de búsqueda se enmarca su sencillo Point of No Return, una canción con tintes experimentales que juega con un electro rápido y de cierta contundencia. Sobre esa base rítmica, los matices pop brillan con fuerza en el apartado vocal, donde la artista demuestra una buena técnica y un timbre agradable que aporta orden y coherencia al conjunto de la pista.
Lejos de caer en excesos de producción, la entrega consigue transmitir una sensación de inmediatez sin perder el cuidado en la ejecución de cada arreglo. La interacción entre la contundencia electrónica y la solidez de la voz sostiene un desarrollo fluido a lo largo de todo el tema. Con esta pieza, la cantautora consolida un paso firme dentro de su joven trayectoria musical.
