Mali Obomsawin convierte el jazz experimental en un paisaje cinematográfico con “Triage”
La multiinstrumentista, cantante y compositora de la nación Abenaki explora territorios sonoros oscuros e impredecibles con “Triage”, una composición que fusiona free jazz, rock y experimentación electrónica, y que anticipa su próximo álbum en solitario, Automatic.
Hay canciones que parecen contar una historia y otras que construyen un mundo entero sin necesidad de palabras. “Triage”, de Mali Obomsawin, pertenece a esta segunda categoría. La compositora y multiinstrumentista presenta una pieza de atmósfera inquietante, donde las texturas instrumentales, la improvisación y los cambios abruptos de intensidad evocan la banda sonora de una película imaginaria, llena de imágenes fragmentadas, espacios sombríos y escenas abiertas a múltiples interpretaciones.
Originaria de la nación Abenaki de Odanak, Quebec, y con base entre Nueva York y su comunidad de origen, Obomsawin se ha consolidado como una voz singular dentro de las escenas del jazz experimental, el free jazz y el rock. Su trabajo en solitario y su proyecto de rock Deerlady reflejan una búsqueda artística que desafía las convenciones de género y explora nuevas posibilidades narrativas a través del sonido.
En “Triage”, esa libertad creativa se manifiesta desde los primeros segundos. La composición comienza con una atmósfera densa y misteriosa, dominada por capas de sonido que parecen surgir de un territorio desconocido. Los instrumentos de viento adquieren una cualidad casi fantasmal, mientras las texturas ambientales construyen una sensación de extrañeza que crece gradualmente. La música parece abrir una puerta hacia otro espacio, uno en el que la tensión y la belleza conviven sin necesidad de resolverse.
A medida que avanza la pieza, el paisaje sonoro se transforma. El bajo y la batería irrumpen con una energía explosiva, acercando la composición a la intensidad del jazz punk, mientras la improvisación mantiene viva una sensación de incertidumbre. No hay una estructura convencional que conduzca al oyente por un camino predecible. En cambio, “Triage” avanza mediante contrastes, acumulaciones y rupturas que mantienen la escucha en constante movimiento. Su combinación de disonancia, atmósferas sombrías y tensión instrumental puede evocar la aproximación experimental de Mica Levi en The Zone of Interest (2023) o las texturas perturbadoras de Mark Korven en The Lighthouse (2019).
Una de las claves de esta experiencia es la participación de Andrew Broder en los platos giratorios, que añade una dimensión sonora distinta a la instrumentación acústica. Su presencia amplía las posibilidades tímbricas de la composición y contribuye a esa sensación de estar atravesando espacios sonoros superpuestos, como si distintas realidades colisionaran dentro de una misma pieza.

